Doménico Guerrucci
era un dominico del convento de San Marcos de Florencia, que en
el año 1473, junto con otro fraile, se retira para meditar
a los bosques de las colinas de Malmantile, en las cercanías
de Lastra a Signa.
En un principio se construye
una ermita y un pequeño oratorio, dedicado a Santa María,
en las tierras que fueron concedidas por la Comuna de Gangalandi;
posteriormente, entre los años 1475 y 1480, en los predios
que ocupaban dichas construcciones, se construyen la iglesia de
Santa María de Lecceto y una parte del convento.
La contribución hecha
por el rico mercader Filippo Strozzi fue determinante para la
realización de estas obras.
Cuando éste murió
en 1491, dejará también una gran suma de dinero,
con la obligación de que se celebrase eternamente en ese
lugar la fiesta de San Felipe y Santiago.
La iglesia será consagrada,
dedicándola a estos santos, en el año 1587.
Con anterioridad, en 1563,
un rayo había provocado la caída del campanario
durante un fuerte temporal, y, como consecuencia, el techo y una
parte del claustro también habían sufrido daños.
Para la restauración
contribuirá Cosme de Médicis.
En los primeros años
del siglo XIX, con la dominación napoleónica, la
institución fue suprimida y el edificio fue usado como
casa de campaña.
La curia florentina compró
el complejo de Lecceto y en 1875 lo amplió, llevando a
cabo también una restauración de los edificios,
que fue completa en el ala sureste del claustro.
El edificio se transformó
entonces en una sede externa del Seminario Arzobispal.
Durante los años posteriores
a la primera guerra mundial, se plantan cipreses a lo largo de
la actual avenida de entrada y se construye la adyacente casa
del guardián.
Nuevas restauraciones se
llevan a cabo entre los años 1976 y 1979, tanto a la iglesia
como al convento; en la década del 1980 se reorganiza el
parque.
En la actualidad la Curia
ha alojado en Lecceto un Centro de Ejercicios Espirituales.
La iglesia de San Felipe y Santiago
La arquitectura de la iglesia
tiene el estilo de un tardío siglo XV; consta de una tribuna
a la cual se accede a través de un arco de piedra serena
(piedra arenaria gris, típica de la zona florentina).
Como consecuencia de la supresión
del período napoleónico, se han perdido los cuadros
que ornamentaban los altares y también algunas partes del
coro trabajadas en taracea.
Se conserva un frontal del
altar, con la figuración al fresco de un Cristo muerto,
obra de Bernardo di Stefano Rosselli.
Sobre el altar hay una tabla
que representa a la Virgen con el Niño, de Neri di Bicci.
Fue pintada sobre una obra
preexistente del siglo XIV.
A los lados de la misma,
se figuran Santos, obra del Maestro de Marradi.