El
Plebano (del latín plebs, plebis, pueblo) era el cura párroco de
la Pieve (la iglesia más antigua de un territorio), y tales parroquias
rurales fueron precisamente el núcleo de la organización eclesiástica
del territorio de la campaña. Entre
las prerrogativas de tales parroquias, podemos citar el derecho a contar con una
fuente bautismal, a tener su propio cementerio y a efectuar el cobro de las décimas. También
estaban a su cargo aspectos de carácter no religioso, como el del mantenimiento
de las calles. El
Plebano dependía jerarquicámente del obispo y tenía la misión
de difundir la fe y de ayudar a las poblaciones que habitaban fuera de los grandes
centros urbanos. Es
difícil estimar exactamente el período histórico en el que
surge, si bien es entre los siglos XI y XII que aparece un número mayor
de tales parroquias rurales. El
campanario era un elemento característico de la iglesia como tal; con él
se advertía a la población en caso de peligro o se la convocaba
para las fiestas y celebraciones.
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