El
afianzamiento de la autonomía de las ciudades, que tiene lugar durante
el siglo XI en las zonas centro-septentrionales de Italia, constituye el resultado
de los contemporáneos proceso de debilitamiento del poder imperial y de
progresivo desarrollo económico que había comenzado después
del año 1000. Las
ciudades tienen sus propios gobiernos y se asumen el derecho de cobrar impuestos,
acuñar moneda y administrar la justicia. Una
novedad fundamental la constituye el hecho de que el poder lo legitiman las bases
y la administración apunta al interés común, es decir, está
dirigida a los ciudadanos. En
un principio el gobierno será expresián de las oligarquías,
pero posteriormente también las clases política y socialmente menos
importantes participarán en la administración de la ciudad. Durante
el siglo XIV las Comunas se transformarán en Señorías.
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